Un milagro

Antes de las festividades del Señor de Los Milagros (aquí en Lima es un santo celebrado a finales de octubre) muchas veces, en diversas partes de Lima, se suelen hacer recorridos con la imagen junto a un gran número de personas. 

En mi colegio, esta costumbre no se dejó de lado y las comunidades de secundaria en sí se juntaron para adornar sus patios y realizar un bonito recibimiento al anda del señor de los milagros. 

La pre promoción (IV) tuvo problemas con sus arreglos días antes de la procesión pues, las actividades se les juntaron y no pudieron terminar los arreglos a tiempo, los profesores, en compañía de algunos alumnos, asumieron la mayor parte de los arreglos, sin embargo, el día se terminaba y ya era hora de retirarse. 

Un atributo que siempre debe tener un alumno del diploma de bachillerato es ser solidario y fue bajo esta premisa que en lugar de ir a jugar pelota con mis amigos, decidí quedarme a por lo menos avanzar con los arreglos para la festividad que ya se acercaba. 

Los profesores me pidieron (más que nada por mi estatura) que colocase las guirnaldas en lo alto de los salones en todo el patio. Más o menos cuando me encontraba terminando, se me acercaron un par de amigos y en equipo, logramos terminar todo antes de las 5 de la tarde, quedando tiempo así para un respectivo partido. 

Lo que pude rescatar de esta experiencia además de el trabajo en equipo con mis compañeros para el logro de un objetivo común es la de reconocer y considerar el aspecto ético de una decisión, pues, fui completamente consciente en pensar que el patio no iba a estar terminado para la tarde y por eso decidí ayudar en vez de ir a jugar fútbol.  

                                            

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